Cubillo del Butrón, una pequeña localidad situada en el norte de la provincia de Burgos y enclavada en el Parque Natural Hoces del Alto Ebro y Rudrón, alberga una de las explotaciones ganaderas más singulares de la provincia. Allí, Lluís Marquina gestiona Caracoles Los Altos, una pequeña granja de caracoles que puso en marcha en 2021 junto a un amigo del pueblo.
Marquina, con raíces familiares en Cubillo del Butrón, decidió emprender en el medio rural tras la pandemia junto a su mujer, veterinaria de profesión. Aunque inicialmente valoraron abrir una bodega o crear una explotación de vacas o caballos, las limitaciones derivadas de la ubicación dentro del parque natural les llevaron finalmente a apostar por la helicicultura.
La granja ocupa una superficie de unos 1.300 metros cuadrados y se encuentra situada en un valle a unos 1.000 metros de altitud. El recinto está protegido mediante vallado y mallas superiores para evitar la entrada de pájaros o el impacto del granizo.
En el interior, los caracoles descansan bajo unas planchas durante el día y salen a alimentarse principalmente durante la noche. “El caracol es un animal nocturno y necesita humedad para activarse”, explica Marquina. Las condiciones naturales de la zona, con abundante rocío y corrientes de aire, favorecen el desarrollo de la explotación.
La instalación funciona además sin conexión a la red eléctrica y el agua utilizada procede de depósitos que se rellenan con la lluvia.
La actividad de la granja funciona por temporadas. Cada primavera, cuando terminan las heladas, se introducen cerca de 400.000 huevos repartidos por distintas zonas de la finca.
Durante los primeros meses, los caracoles se alimentan principalmente de hierba y posteriormente incorporan pienso específico elaborado con soja y legumbres. La explotación consume entre 1.000 y 1.300 kilos de alimento al año.
La recogida comienza entre verano y otoño y se realiza manualmente. Los caracoles pasan después por un proceso de purgado antes de salir a la venta.
Karacoles Los Altos comercializa entre 1.300 y 1.800 kilos anuales, principalmente en Burgos, Bilbao y otros puntos de España. El precio ronda los once euros por kilogramo y, según explica Marquina, muchos clientes realizan reservas antes incluso del inicio de la campaña.
Además de la venta tradicional de caracol vivo, este año la empresa ha comenzado a ofrecer producto limpio y cocido para facilitar su preparación.
“El caracol es de lo más proteico que hay”, señala el ganadero burgalés.
Marquina trabaja con la variedad Helix Aspersa Müller, una de las más comunes en Burgos. Sin embargo, la explotación debe hacer frente cada temporada a la presencia de depredadores como pájaros, hormigas, ratones o jabalíes.
A pesar de ello, la granja se ha consolidado como una iniciativa singular dentro del medio rural burgalés y Cubillo del Butrón celebra además cada año una fiesta dedicada al caracol. Para más noticias como esta, pincha aquí.