La empresa, nacida en Fuentenebro y actualmente ubicada en Aranda de Duero, se convierte en la primera cervecera española que dedica el 100% de su producción a cervezas sin alcohol
En una tierra mundialmente conocida por sus vinos, una cervecera burgalesa ha decidido cambiar las reglas del juego. Mica, nacida en Fuentenebro y actualmente con fábrica en Aranda de Duero, ha optado por dedicar el 100% de su producción a la elaboración de cerveza sin alcohol.
La decisión convierte a la compañía en, según la información publicada por Expansión, la primera cervecera española que renuncia completamente al alcohol en su producción.
La apuesta no parte de una empresa recién llegada al mercado. Su fundador, Juan Cereijo, lleva doce años vinculado a la elaboración de cerveza y reconoce que el cambio ha supuesto renunciar a una parte de los productos y clientes con los que habían construido la trayectoria de la compañía.
Sin embargo, el empresario considera que apostar exclusivamente por las referencias sin alcohol ha sido una decisión acertada.
Una categoría que ya no es minoritaria
La apuesta de Mica llega en un momento de fuerte crecimiento de las cervezas sin alcohol en España.
Según los datos recogidos por Expansión, España es actualmente el primer productor y consumidor de cerveza sin alcohol del mundo, y alrededor del 14% del consumo total de cerveza en el país corresponde ya a variedades sin alcohol.
Las ventas de esta categoría crecieron un 4,6% durante 2025, mientras que el consumo europeo de cerveza sin alcohol acumula un crecimiento cercano al 38% desde 2020.
El cambio no afecta únicamente a la cerveza. En los últimos años también han ganado terreno otras bebidas sin alcohol o de baja graduación, desde los llamados mocktails hasta los destilados sin alcohol.
La evolución responde, en parte, a una transformación de los hábitos de consumo. Cada vez son más los consumidores que alternan momentos con alcohol y sin alcohol dependiendo de las circunstancias.
Para Cereijo, por tanto, el consumidor de cerveza sin alcohol no tiene por qué ser una persona abstemia. Puede ser simplemente alguien que en un determinado momento prefiere beber sin alcohol, ya sea porque tiene que conducir, practicar deporte al día siguiente o simplemente quiere mantenerse lúcido.
"La cerveza no necesita alcohol para ser cerveza"
Esta es una de las ideas que vertebran la nueva estrategia de Mica.
La compañía quiere alejarse de la percepción de que las cervezas sin alcohol son simplemente una versión descafeinada de las tradicionales. Su objetivo es que el consumidor valore primero la cerveza por su sabor y, después, por el hecho de que no contenga alcohol.
Para conseguirlo, el proceso de elaboración supone un reto técnico considerable.
El alcohol contribuye al cuerpo, la textura y la transmisión de determinados aromas de la cerveza. Al eliminarlo, los posibles desequilibrios de la receta resultan más evidentes.
Mica apuesta por una fermentación mínima y trabaja con malta, lúpulo, levadura, agua y proceso para intentar mantener el carácter de una cerveza convencional.
La filosofía de la compañía se resume en una idea: que el consumidor pueda probarla sin saber previamente que es una cerveza sin alcohol y simplemente pensar que es una buena cerveza.
Una medalla de oro para la Mica Tostada
Ese planteamiento ha recibido además un reconocimiento internacional.
La Mica Tostada Sin Alcohol obtuvo la Medalla de Oro en los European Beer Challenge 2026, en una cata a ciegas.
Según la información publicada por Expansión, fue la única cerveza española premiada en esta edición.
El reconocimiento tiene especial importancia para la compañía porque el jurado valoró el producto sin conocer previamente su historia, su origen o su estrategia empresarial.
Mica también cuenta con una referencia IPA sin alcohol y durante este año ha incorporado una nueva pilsen a su catálogo.
La Tostada continúa siendo, por el momento, la variedad más consumida, aunque desde la empresa esperan que la IPA gane terreno a medida que los consumidores la conozcan.
De Fuentenebro a Aranda de Duero
El proyecto mantiene además una fuerte vinculación con el territorio burgalés.
Mica nació hace doce años en Fuentenebro, una localidad de apenas unos 300 habitantes situada en la Ribera del Duero, una comarca especialmente asociada al mundo del vino.
Actualmente la compañía cuenta con su fábrica en Aranda de Duero, desde donde continúa desarrollando su apuesta cervecera.
La empresa utiliza parte de la cebada procedente de su entorno y apuesta por proveedores locales. También ha explorado nuevas posibilidades para aprovechar el bagazo, el residuo generado durante el proceso de elaboración de la cerveza, incluyendo aplicaciones relacionadas con la alimentación y los materiales biodegradables.
Para su fundador, el vínculo con el territorio resulta fundamental: Mica probablemente no habría existido si no hubiera nacido precisamente en ese entorno.
Una cerveza sin alcohol que quiere dejar de ser "la alternativa"
La estrategia de Mica no se limita a aprovechar el crecimiento de la cerveza sin alcohol.
La empresa quiere contribuir a cambiar la forma en la que se percibe esta categoría. Su objetivo es que pedir una cerveza sin alcohol deje de ser una decisión asociada exclusivamente a evitar el alcohol.
La idea es que el consumidor pueda elegir entre diferentes estilos —Tostada, IPA, Pilsen y futuras ediciones— simplemente en función de lo que le apetezca beber en cada momento.
En palabras de Juan Cereijo, el verdadero cambio llegará cuando alguien entre en un bar y pida una Mica no porque quiera evitar el alcohol, sino porque sea sencillamente la cerveza que más le apetece.
Y quizá ahí esté la mayor apuesta de esta cervecera burgalesa: conseguir que la cerveza sin alcohol deje de presentarse como una excepción para convertirse en una opción más dentro de la cultura cervecera.
Fuente: Expansión