El teletrabajo irrumpió con fuerza durante la pandemia y, aunque hoy ya no está tan extendido, sigue siendo la llave que está permitiendo a muchas personas recuperar sus raíces y elegir una vida en el medio rural. Es el caso de Rosa María Muñoz y Raquel García Narro, dos mujeres que han encontrado en Fuentenebro un equilibrio perfecto entre su actividad profesional y la tranquilidad de un pueblo con vida.
Rosa María, de 38 años, nació en Elche, pero siempre ha tenido un vínculo muy especial con Fuentenebro, el pueblo de su madre y donde vivieron sus abuelos. Cuando su empresa —una entidad de servicios de crédito e inmobiliario— implantó el teletrabajo, lo vio claro: era la oportunidad de volver.
Desde entonces, alterna ambas residencias sin un plan rígido: fines de semana largos, temporadas más amplias… La flexibilidad es ahora uno de los mayores lujos de su día a día. Este verano lo pasará en Fuentenebro, un municipio en el que se ha implicado activamente, formando parte de la Asociación Los Tercios, incluso a distancia cuando está en Elche.
Rosa utiliza la casa familiar que comparte con su hermana Mariola y su sobrino Pau, que se ha convertido en su mejor compañero de aventuras rurales. “Me encanta compartir con él las tradiciones, dar de comer al burro del pueblo, pasear, hablar… esa tranquilidad”.
Su mirada está puesta ahora en un sueño bodeguero: comprar una bodega-merendero en la zona de bodegas del pueblo para que Pau también viva ese ambiente tan típico de Fuentenebro.
Rosa no está sola. Su prima Raquel también ha hecho del teletrabajo una oportunidad para reconectar con sus raíces. Vive en Madrid, pero pasa buena parte del año en Fuentenebro gracias a la flexibilidad de su trabajo en informática.
Cree firmemente que Administración y empresas deberían apostar más por el teletrabajo, porque descongestiona las ciudades y da vida a municipios como Fuentenebro.
Para ella, lo mejor es la calidad de vida: tiempo, calma, cercanía social, la posibilidad de salir a la calle y conversar con cualquiera. Aunque reconoce que faltan ciertos servicios —como mejor cobertura—, lo tiene claro: en el pueblo se siente como en casa.
Las historias de Rosa y Raquel muestran que no es necesario renunciar al desarrollo profesional para disfrutar de la vida rural. El teletrabajo permite sumar: familia, bienestar, comunidad y oportunidades para que pueblos como Fuentenebro sigan vivos y mirando al futuro.
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