En Oquillas, un pequeño pueblo ribereño de apenas 50 habitantes, ha surgido una iniciativa que une educación, producción artesanal y turismo rural. La granja familiar de la marca Quesos del Vidal, tras décadas dedicada exclusivamente al trabajo ganadero, ha encontrado una nueva forma de conectar con el público: visitas guiadas y talleres de elaboración de queso que permiten conocer de primera mano el origen de los alimentos y el valor de la tradición.
Este proyecto nace del impulso de la nueva generación al frente de la explotación ovina. Mientras uno de los hermanos continúa con la labor de cuidado del rebaño y el cultivo del forraje —garantizando un modelo circular en el que la calidad de la alimentación repercute en la excelencia del queso—, Marina ha apostado por abrir las puertas de la granja y acercar su día a día al visitante.
Durante el recorrido se pueden observar las ovejas en su entorno, comprender cómo se alimentan y vivir el ciclo completo de producción de la leche. La parada en la sala de ordeño suele convertirse en uno de los momentos más impactantes, especialmente para quienes nunca han visto el proceso real más allá de los lineales del supermercado.
La experiencia continúa con un taller en el que cada participante elabora su propio queso fresco, aprendiendo las fases básicas de la transformación láctea. Para quienes quieren profundizar más, también se ofrecen actividades especializadas centradas en variedades curadas.
La visita culmina con una cata de diferentes quesos —desde semicurados hasta azules— acompañados por vinos de la Ribera del Duero en colaboración con bodegas de la zona. Una manera de poner en valor el producto local y la riqueza gastronómica del territorio.
Además del conocimiento técnico, esta propuesta tiene un fuerte componente emocional. Muchas personas recuperan recuerdos familiares, historias ligadas al medio rural y una forma de vida que hoy lucha por seguir adelante.
La iniciativa comenzó hace poco más de un año y, desde entonces, la afluencia se ha multiplicado. La difusión boca a boca y el interés creciente por las experiencias auténticas en el sector primario han impulsado un proyecto que muestra cómo reinventarse desde el pueblo es posible.
En Oquillas, una granja se ha convertido en aula y el queso, en una herramienta para aprender, sentir y recordar. Una forma de mantener viva la tradición familiar mientras se abre un nuevo camino de oportunidades para el medio rural burgalés.
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